8 febrero 2020
El avión aterrizó en Chetumal, la gente se levanta de su asiento y aguarda impaciente en el pasillo, con ganas de salir corriendo de esta salchicha, hay soldados aguardando en la entrada, ya amaneció y el clima es caliente, sin exagerar.
Sigo encogido, aún con el cinturón de seguridad puesto, quisiera bajarme el gorro para tapar mis ojos, cerrarlos y hacerme el dormido, pero ya me vieron despierto una decena de personas. No quisiera llamar la atención, menos la de aquel gringo treintañero que me sigue desde la sala de espera.
No es mi primera vez en esta Ciudad, saldré rápido del aeropuerto y caminaré hasta el mar, después comeré algo y tomaré camino para Mahahual, viajeré en taxi colectivo, sin preguntas, sin necesidad de dar el nombre, sin cámaras en la estación de autobuses.
Un chilango más que huye de Ciudad Caníbal, porque al final, todos los hacemos.
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