7 diciembre 2020

 "El que mucho se despide es porque no se quiere ir", dice la sabiduría popular. Ahora veo lo acertado de esa afirmación. Creo que está es la 3a. vez que me despido de ella, y aún quiero volver a verla. Fantaseo con la próxima vez y me prometo que lo haré mejor.

Me culpo por no hacer las cosas como lo había planeado, o bien, porque no salieron como esperaba. Aunque esto último sea algo que yo no controlo. Wera quiere que sigamos nuestra relación, no quiere que nos alejemos. Pero sus condiciones, hasta donde puedo ver, es que seamos amigos.

A mí eso no me sirve, pienso. No quisiera ceder un ápice de mi postura. De nuevo es todo o nada, vaya personalidad la mía, vaya condición tan resolutoria.

Me pregunto cuánto le duele esto a la Wera, la vi llorar, de nuevo, cuando lo platicamos. Hablamos del pasado e incluso del futuro, como algo tan cercano. Yo sigo viéndolo todo como un "impasse".

¿Qué viene después? ¿qué debo hacer ahora? ¿Realmente quién es el que se está aferrando y a qué lo está haciendo?

Por lo que yo pienso y deduzco, construyo y SUPONGO, (esto último no muy acertado, como ya vimos), ella quiere que sigamos en contacto, en plan amigos, supongo que depende en algo de mí, o se aferra a nuestro pasado juntos. Casi estoy seguro de que no quiere sexo conmigo ni regresar a nuestra relación.

De lo que yo siento y vivo, es dolor, tristeza, resignación, apego. Hace una media hora me quedé pensando en que pudiera ser que tomé la peor decisión de mi vida y desaproveché la mejor oportunidad que tuve. No lo sé. A veces estoy muy seguro de ello, y otros tantos momentos entiendo que nos esforzábamos demasiado por sostener aquello, yo no quería lastimarla, ni ella a mí. Pero muchas veces tuve ganas de terminar con la relación, y no pude, por no herirla, por no sentir que habíamos perdido el tiempo.

Ella me sigue gustando, sus ojos, su cabello, su cuerpo, es hermosa y muy agradable. Sonriente, traviesa y algo inocente. Es buena persona, pero no sabe afrontar sus responsabilidades.

Sí me pidieran que la describiera hablaría ahora sólo de lo positivo y me culparía a mi mismo de haber sacado a flote lo negativo que hay en ella. Ni siquiera soy capaz de culparla de eso.

¿Cuántas veces dije, ya basta? ¿Cuántas otras la desprecie, la aborrecí, me burlé de ella?

Y sin embargo, siempre volvía, ella y yo, con peleas y todo, siempre había otra oportunidad. Forzamos demasiado aquello, nos desgastamos. Y yo estaba ciego, no veía que también ella estaba cansada y quería dejarme. Tal vez ambos veíamos que sí había futuro juntos, pero no podíamos dar el último esfuerzo.

Yo me quedé esperando, ella avanzó tomó su decisión, buena o mala, ya está ahí y no quiere volver a lo mismo. ¿Será igual esto? No lo creo, quiero confiar en qué será diferente. Ojalá ése día llegue pronto, ojalá ocurra. Una nueva oportunidad, un nuevo comienzo. ¿Cuánto más falta?

Me sentí como los niños Simpson cuando molestaban a sus padres con el "ya llegamos?", y yo a la Wera, con el "Qué has pensado?".

Veo que ninguno de los puede decir que NO. Pero que ella ya está más cerca de esa resolución que yo.

Hace más de un año que nos separamos, y me pareciera que no pasaron ni 2 meses. Hace medio año que supe que ya vivía con alguien más. Hace 2 meses que volvimos a hablar. Hace 3 días que nos reunimos de nuevo. La veo cada vez más lejana, y más pronta a ser mi amiga. Las palabras que expresa han cambiado el tono y la intensión. Parece ser que en ella ahora hay menos dudas de que hizo lo mejor para ella.

¿Es momento de que yo haga lo mejor para mí?

Casi 1 año ha pasado desde aquel fallido viaje a Los Cabos; hoy regreso. Pero no estoy seguro de que sea muy diferente a aquel chico. Trato de ver las diferencias y la evolución.

2020, el año de la pandemia global. Hace 10 meses, cuando vine en febrero a correr una media maratón, el mundo era diferente, yo era diferente. ¿En verdad lo era? ¿En verdad lo soy?

Comentarios

Entradas más populares de este blog

2 abril 2021

11 abril 2021