7 junio 2020

 Frente a la secundaria 176 Román me pidió detener el carro y apagar la música, se limpió la sangre de sus manos con la chamarra bomber y la tiro por la ventanilla. Maldijo un par de veces, cuando se acercó al tablero para ver la hora, e incrédulo corroboró en el cielo nublado que, sí, ya pasaban las 4 de la tarde del domingo 7 de junio.

En nuestro desmadre y orgías habíamos gastado el fin de semana, todavía recordaba la noche del viernes en Spiritú Santo, pero no muy bien lo que había ocurrido el sábado. Intenté hacer memoria sobre cómo habíamos llegado hasta aquí, manejando casi a ciegas y con la ropa ensangrentada. Creo que nos emocionamos demás, pensé.

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